jueves, 31 de agosto de 2023

PRESENTACION EN MADRID DE DETRÁS DE LAS PALABRAS

 El próximo día 8 de septiembre de 2023, a las 19:00 horas, en O LUMEN, espacio para las artes y la palabra, en la Calle Claudio Coello 141, 28006 Madrid, tendrá lugar la presentación de DETRÁS DE LAS PALABRAS, la obra que reúne, completa, la obra del poeta Emilio Rodríguez.



jueves, 16 de febrero de 2023

DETRÁS DE LAS PALABRAS: EMILIO RODRÍGUEZ OP


En el Aula Magna del Convento de San Esteban, el pasado día 14 de febrero de 2023,tuvo lugar la presentación del Detrás de las palabras, la obra que contiene la poesía completa de Emilio Rodríguez OP.

En el acto intervinieron el Padre Jorge Luis Álvarez, Director de la Editorial San Esteban; el Padre Bernardo Fueyo Suárez, editor de la obra; Dª Sagrario Rollán, poeta y estudiosa de la obra de Emilio Rodríguez y el poeta Chema García.

A continuación se incluye el enlace que conduce al vídeo de la presentación.

viernes, 27 de enero de 2023

DETRÁS DE LAS PALABRAS

 

Detrás de las palabras es el título de la obra poética de Emilio Rodríguez (1938-2020), que, en edición de Fr. Bernardo Fueyo Suárez, O.P. acaba de ser publicado por Editorial San Esteban – Edibesa.

La obra reúne, en una monumental y muy cuidada edición, la hasta ahora muy dispersa obra del poeta dominico, dentro de un estuche  que contiene dos volúmenes. El primero,  Poesía I, (778 páginas), que incluye, tras un valioso análisis de la poética de Emilio Rodríguez, de María Sagrario Rollán y introducción de Fr. Bernardo Fueyo Suárez, O.P., el conjunto de la obra publicada, en vida del poeta, entre los años  1978 y 2019. El segundo volumen, Poesía II (772 páginas), integra,  casi en su totalidad,  la obra inédita de Emilio y su poemario póstumo,  Dimensión y alarido, publicado en 2021.

En las próximas semanas tendrán lugar varios actos de homenaje al gran poeta que fue Fr. Emilio Rodríguez, y en ellos cuales se presentará Detrás de las palabras, la obra que reúne la casi totalidad, la toda es imposible, de su poesía.








lunes, 23 de noviembre de 2020

EMILIO RODRÍGUEZ: EL POETA QUE PREGUNTABA POR EL SILENCIO


 

En SalamancaALDÍA.es, el lunes, 23 de noviembre de 2020, la profesora de filosofía y muy destacada poetísa, doña Sagrario Rollán, ha publicado un valioso,  texto que reproducimos en el Blog  del Poeta Emilio Rodríguez, y cuyo original está accesible en

  https://salamancartvaldia.es/not/252224/emilio-rodriguez-poeta-preguntaba-silencio/


Sagrario Rollán

Emilio Rodríguez: el poeta que preguntaba por el silencio

 

Apenas hoy aquí,

casi nunca,

el tiempo más veloz,

evidenciado

para ser trampolín,

para ser cauce.

 

Apenas hoy aquí, la cuerda y el trampolín, la atadura y el salto... Se nos ha ido el poeta Emilio Rodríguez, el fraile dominico asturiano que recaló en Salamanca hace algunos años y nos enseñó a escribir. Apenas hoy aquí, apenas  ayer,  un día de aniversario,  cuando  celebrábamos  con él  en la Sala de la Palabra “el tiempo más veloz, evidenciado para ser trampolín”, presentando  su Penúltimo cansancio (2017).

Gracias Emilio, como aquel día, reitero hoy mi agradecimiento: Gracias por habernos amaestrado en la “penumbra de lo móvil, de lo eterno”, gracias por habernos colocado en “la iniciación al vuelo sin escalas”.

Después de  Mar que huye, antología publicada en 2010, sabiamente prologada por el profesor, poeta y su buen amigo Zamarreño, cada  uno de los últimos títulos de Emilio decía bien esa andadura del tránsito: Del tiempo y de las manos (2011), Tiempo para los ojos (2012),   Lugar de manantiales (2015), Fugaz y permanente (2018) volvían una y otra vez sobre la meditación del tempus fugit  a modo de salmodia.  La pertinacia y la obsesión se iban ciñendo más y más, agarrándose con el verbo tenazmente a las esquinas de ese tiempo que huye, de la carne sombría, de la sangre luminosa, y dejaban al desnudo el asidero incierto de los años, como “un viento incandescente/ y la flamante réplica/ de todo lo que huye y nunca permance”     

Emilio siguió haciendo hasta el final el inventario imposible de tal huída, arañando los resquicios de lo que pudiera perdurar, en un habitar frágil pero consentido, que  se proclamaba a veces desde la herida siempre abierta de un ser y estar tan inciertos:  “Venimos a luchar contra la muerte/ a desandar los dias/ los años de la siega/ y los rosales/ el rostro de la noche/ es nuestro signo”. Un signo el suyo, sin embargo, siempre agradecido: “Me siento agradecido y voy dejando / la piel, como se dejan las palabras,/ los saludos del otoño y las espigas”

La muerte siempre llega, ha llegado para él,  pero el signo de la noche a través de sus versos, en lugar de hacernos enmudecer, como en la mística, nos restaura en otra luz. Remontándonos a la infancia mítica del poeta que venía del grito negro de la mina y del suave cimbrearse de los abedules blancos en el suelo asturiano, he recordado la frase que decía una niña pequeña mientras dibujaba sus cantinelas:  crecer es como subir escaleras;  y sí, crecer es como subir escaleras, aunque ya no seamos niños, por eso me alegro tanto de haber ascendido la altura de los años y de los versos con este gran poeta. Como cuando nos esperaba en el Claustro de San Esteban y subíamos la magnífica escalera plateresca y de escala en escala íbamos enlazando los peldaños de la escritura en Papeles del Martes, pues hay que decir que los martes de Papeles eran de Emilio, y de nadie más:  “A este lado del tiempo, / donde el reino/ de lo efímero/ se cierne todavía”, justo y necesario será reconocer por siempre la verdadera autoría, paternidad y gestación de Papeles del Martes.

Era aquel un universo tan joven y tan nuevo, en los 80, cuando no había  medios digitales, acontecía el verso y el reverso en claustros, pozos y ajimeces, como algo único: “el mar en la mirada/ y las palabras/ todas/ dando saltos”. Tan joven era entonces la palabra nuestra, tan niño el balbuceo poético, nuestra torpe caligrafía adolescente, tan incipiente el fonema de luz de aquellos recién estrenados universitarios, a la sombra de su palabra ya madura y cincelada de  antífonas y liturgias... Por  eso me gusta recordar hoy también, desde la altura de los años y la sombra de la muerte, la admirativa sorpresa de otra jovencísima muchacha que, escuchando un recital de Emilio, en algún verano reciente de Montesclaros, exclamaba: pero ¿cómo puede ser tan joven este hombre? pero ¿con tantos años y esa barba?, no me lo puedo creer, pero si escribe como los mejores poetas tuiteros.

Y es que algo de eso hay, frescura, novedad, venero insepulto. Emilio, en su obsesión por el tiempo y en su inmemorial inquisición desde aquel primer libro de  Pregunto por el silencio (1977), llegó a acendrar la pregunta, a adelgazar la respuesta, a esquematizar el tránsito del tiempo de los ojos y de las manos, para dar en en los umbrales de un aliento tan nuevo, que el tiempo nos vuelve a ser propicio. Para que la voracidad de Cronos no nos venza, el poeta seguro “de haber matado los relojes” nos reta a otras intemperies, a otras honduras donde resurge  la promesa del  Kairos  que nos renueva por dentro.

Emilio, hacedor  insigne de aquellas tardes de Papeles, de aquellas islas de los martes, en medio del naufragio y el extravío de tantas escrituras, de tantas navegaciones más o menos afortunadas de unos y otros,  se nos ha ido..., “con la noche sobre el hombro, como un ala de nieve”.  Quiero cerrar este pequeño homenaje con un apunte de su Penúltimo cansancio, como atribución y procedencia cierta y fecunda de nuestros versos de siempre:

 

“De tí proceden todos

los barcos de la aurora.

Navegaciones, rutas,

sendas de cabotaje

nos llegan de tu gesto,

de tu mirada insomne.

De ti procede el rumbo

de los vientos favorables”

 

Ahora y en la hora de la muerte, Amén, te sean propicios esos vientos, querido maestro, mientras florece tu memoria agradecida, por el  atrevimiento de escribir al que nos empujaste:

 

“El dedo audaz señala cielos,

subraya el don

de la mirada.

De todos los caminos,

uno queda marcado

sobre el cauce

de la piel.

Historia de un transcurso,

geografía

jamás codificada”