Texto del Profesor Antonio Zamarreño con motivo de la publicación de LUGAR DE MANANTIALES
Querido
Emilio: recibimos, sin contratiempos, tu nuevo hijo: "Lugar de
manantiales". Muy tuyo. Totalmente tuyo, en todos los sentidos. No lo digo
solo por la vuelta-en un poema cumbre- a Jonás, sino porque esta poesía lleva,
como siempre, cada una de tus arrugas: tus noches, tus árboles, tus lluvias, tus
barcos, tus frutos encendidos, tus ventanas, tus cierzos, tus relojes, tus
palomares, los ritos del fuego de tu infancia. Reconozco bien esa poética de los
límites, donde la palabra nombra detrás de sus alambradas. Yo diría que, como
siempre, la palabra "desnombra" y, de ahí, las continuas elipsis, tan
trabajadas en este libro. Me interesa tanto, por eso, un poemas como el que
titulas "Cuestión": "Y la palabra crece, / se escapa/ de
nosotros./ ¿O somos la palabra/ huyendo/ eternamente/ de sí misma?" A eso
lo llamo yo "desnombrar": la palabra no fija realidades, sino
fragmentos de utopía; no es una flecha que se clava en una porción de lo visible,
sino una fecha siempre en tránsito: movediza, en perpetuo deshilacharse y
desdecirse. Por eso, la angustia del médium (esa angustia de tener que decir lo
inefable con signos gastados por la tribu): "La palabra que pasa / y no me
encuentra/se queda, /cenicienta,/ por las ramas". Por eso también-qué
machadiano, qué surrealista-esa entrada hacia el sueño, donde la palabra,
perdida ya su identidad y su densidad, pueda ser, a un tiempo proto y
post-palabra.
Estás
preocupado-como todo poeta consciente- por la posible frustración del encuentro
entre tú y ella: "Vinieron las palabras / y no nos encontraron". O:
"Las palabras no crecen /en tus valles". Y es verdad: sin ellas, todo
sería desierto, por donde galoparían "las hordas de la noche". Pero
yo lo que veo en tu libro es que la palabra fundamental te sigue siendo dócil -"Desnudo
la palabra/ y me la extiendo/ por dentro de la piel"- y que hay poemas
aquí a la altura de lo mejor tuyo. Poemas y "visiones", como aquellas
del "labio litoral", de la "tarde tan bisiesta", del"
llanto vegetal" o de las relativas al tiempo: "Ceniza en el cabello /
de todos los relojes".
En
suma: que me ha gustado mucho.
Otro día hablaremos de la música, de ese
endecasílabo quebrado que llevas como adherido a la raíz, desde hace ya
bastantes años. No me molesta, pero me parece, a veces, demasiado previsible. A
mí, que conozco el resto de tu obra.
Viva
el octosílabo (por ejemplo)
Un abrazo muy fuerte. Antonio.